Ser mujer en algunos de los países menos desarrollados del mundo

Javier Taeño,Yahoo Noticias:

Poco a poco y con mucho esfuerzo las mujeres se van despegando de sus roles tradicionales y van conquistando posiciones en la sociedad que antes tenían vetadas. En este sentido los logros del movimiento feminista en los últimos 100 años han sido reseñables: el derecho al voto, el acceso a la educación, el acceso al mundo laboral… La huelga del 8 de marzo supone un nuevo espaldarazo para lograr por fin una equiparación con los hombres que todavía se resiste, en una sociedad que cambia aún más lenta de lo que debería, ya que tal y como informa el Foro Económico Mundial al ritmo actual todavía se tardarán 100 años en lograr la igualdad.

El Foro advierte además de que en 2017 aumentó la brecha mundial de género entre otras causas por la resistencia social de los países en vías de desarrollo a los cambios estructurales. En algunos de ellos, la mujer todavía juega un papel secundario. Hablamos por ejemplo de Yemen, Chad, Gambia o Pakistán.

El primero de ellos, Yemen, se sitúa en el último puesto en el informe elaborado por el Foro Económico Mundial sobre la Brecha de GéneroNinguna mujer participa en el Parlamento yemení y el 17% de las niñas entre los 15 y los 19 años son forzadas a contraer matrimonio. Además, el 38% de ellas han sufrido la mutilación genital femenina.

El país vive sumido en una guerra civil desde el año 2015 y este conflicto lo único que ha provocado es que la situación empeore. Amnistía Internacional ha denunciado la discriminación de mujeres y niñas y abusos como la violencia en el ámbito familiar.

La situación para las mujeres en Chad no es mucho mejor, ya que el 86% de ellas (frente al 69% de los hombres) son analfabetas. Los datos nacionales muestran que 300.000 de los más de 350.000 menores en edad escolar que no van al colegio son niñas, ya que se ven obligadas normalmente a quedarse en casa ayudando.

La situación se acentúa en los entornos rurales debido a que tienen más dificultades para acceder a la educación y salarios mucho más bajos. Esta falta de escolarización, tiene graves consecuencias, ya que las mujeres tienen menos oportunidades de participar en la vida política y defender sus derechos. De hecho, no se suele cubrir la cuota de representación de las mujeres en el Gobierno, que es de un 30%.

Gambia prohibió en el año 2015 la mutilación genital femenina y a partir de entonces está sujeta a sanciones penales, lo que ha provocado que la práctica se reduzca del 92% al 75% en el año 2016 según datos de Unicef.

Unas cifras esperanzadoras que contrastan sin embargo con las del matrimonio infantil, ya que el 39% de las mujeres y las niñas se han visto obligadas a casarse siendo menores de 18 años, con un 19% de ellas dando a luz antes de cumplir la mayoría de edad. El aborto también es considerado como un delito, excepto en los casos en los que peligra la vida de la embarazada.

Finalmente Pakistán está lejos de ser un ejemplo en lo que se refiere a los derechos de las mujeres. Proliferan los crímenes de honor, lo que se traduce en más de 1.000 mujeres asesinadas cada año según datos oficiales, aunque otras fuentes elevan la cifra hasta las 4.000. Las estimaciones apuntan a que cada 90 minutos muere una de ellas, mientras que el 70% de los autores de estos crímenes se libran de la cárcel.Para que se produzca esta violencia tiene que haber una cierta connivencia con las leyes y eso es exactamente lo que ocurre.

Tal y como denuncia Amnistía Internacional, los sistemas de justicia paralelos y no oficiales dictan sentencias injustas que castigan a mujeres y niñas. Como ejemplo, un consejo de aldea ordenó y llevó a cabo la violación de una adolescente en venganza por un delito presuntamente cometido por su hermano.

La ley de 2016 que endureció las penas contra este tipo de delitos ha sido ineficaz y normalmente los acusados han sido indultados a cambio de dinero. Además, el Parlamento bloqueó un proyecto de ley que habría igualado la edad de libre consentimiento para el matrimonio de hombres y mujeres, al elevar la edad mínima de matrimonio de las niñas de los 16 a los 18 años.

 

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